Revalorizan prácticas ancestrales para manejo del piñón

Updated: Jun 17




Araucaria araucana


Su rescate se realiza en La Araucanía, más específicamente en la Comunidad Mapuche de Quinquén, beneficiaria del Programa Nacional (ONU-REDD), que cuenta con apoyo técnico de la FAO, el PNUD y ONU Medio Ambiente; y que Naciones Unidas desarrolló para reducir las emisiones de CO2 causadas por la deforestación y la degradación forestal en países en desarrollo.


Cada día, Alexandra Martínez, profesora de la Escuela de la Comunidad Indígena de Quinquén, trabaja la educación ambiental junto a sus alumnos, en el vivero que tienen al costado de la escuela. En él, siembran piñones y se preocupan de las pequeñas plantitas de araucaria que ahí crecen.


Junto con el vivero, varias capacitaciones y otras mejoras, la escuela que lidera Alexandra, es parte de los beneficiarios de la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales (ENCCRV). Que ha sido desarrollada por CONAF, como punto focal del Proyecto ONU-REDD, que conforman el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO); y el Programa Medioambiental de las Naciones Unidas, ONU Medio Ambiente.


La Comunidad Indígena de Quinquén (refugio en lengua mapuche), forma parte de la comuna de Lonquimay; y en ella residen 52 familias de la etnia mapuche-pehuenche, que viven y subsisten gracias su bosque nativo, compuesto principalmente de araucaria, coihue y lenga.


“Para nosotros, el proyecto ONU REDD, que está desarrollando CONAF junto a Naciones Unidas, es muy importante ya que nos han entregado un lugar para poder sembrar nuevas plantitas, las cuales nos permitirán reforestar; y también para el cultivo de las hortalizas que necesitamos para que los niños de nuestra escuelita se alimenten”, señala entusiasmada la profesora.


Rescatando el saber ancestral


La araucaria data de hace 260 millones de años, puede vivir más de 1000 y alcanzar una altura mayor a 50 metros. La tala y la cosecha de araucarias, y semillas, está protegida por ley, dejando que solo los pueblos originarios se beneficien de esta práctica que, a lo largo de la historia, ha sido y sigue siendo la principal fuente de alimentos e ingresos para estas comunidades, que cosechan sus semillas para hacer harina y otros productos.


El Lonco de la comunidad de Quinquén, Ricardo Meliñir, destaca esa importancia señalando que para su pueblo, “la araucaria es una parte más de la comunidad de Quinquén, históricamente hemos trabajado estas prácticas con el piñón, lo que no solo nos beneficia a nosotros, sino que a todas las personas.”

Hoy en Chile existen 17 millones de hectáreas de bosques; 14,6 millones de hectáreas de bosque nativo y la diferencia, son bosques plantados. Esas 17 millones de hectáreas generan la absorción de un 60% de las emisiones de CO2 que Chile completo genera, y eso gracias a la fotosíntesis; por este motivo la institución mandante que es CONAF.

CONAF, además de tener la responsabilidad del fomento del desarrollo y del cuidado de los bosques, trabaja en repoblar territorios que en algún momento tuvieron bosques, para reestablecer lo que ahí naturalmente había. Ahí radica la importancia de la labor que se realiza con el programa de las Naciones Unidas (PNUD, FAO y ONU Medio Ambiente). Su director ejecutivo, José Manuel Rebolledo, recalca la importancia del trabajo que el Ministerio de Agricultura, a través de CONAF, está realizando con Naciones Unidas, ya que tiene un sentido profundo, arraigado en los pueblos originarios:


“Queremos destacar que nos estamos conectando con el pueblo Pehuenche, no solo a nivel de sus prácticas tradicionales como la trashumancia y la veranada. Sino que respetando y resguardando su conexión con la divinidad mediante la naturaleza, Como lo es la Laguna Galletué (donde nace el rio Bío Bio) y sus árboles ancestrales como la araucaria con su fruto el pehuén. Los pehuenches se deben a la araucaria”.


Como parte de la ENCCRV, CONAF, también se ha instalado un vivero en Curacautín, dedicado exclusivamente a la producción de especies nativas. Son cerca de 600 mil plantas anuales, donde predominan la araucaria, el roble, el raulí, el coihue, el canelo, el avellano y mañío de hojas cortas, largas y punzantes.



El vivero de CONAF


“Gracias al aporte del programa ONU-REDD, podemos contar con un sistema de riego automatizado y con un vivero el que nos permite la germinación y los primeros tayotes, con una capacidad para 12 mil plantas de distintas especies. También lo que significa la contratación de mano de obra local para poder finalmente darle sustentabilidad y el manejo que requiere un vivero como este”, añade Rebolledo.


Para la representante de la FAO en Chile, Eve Crowley, una de las dimensiones más importantes del proyecto está dada por el hecho de que “cuando se cultivan las semillas, lo hacen directamente personas de esta comunidad, quienes preservan, de esta forma, su variedad genética. Asegurándose, además, un ingreso económico muy importante para zonas rurales rezagadas”.


En un reciente viaje a la localidad, Crowley, añadió que las mujeres juegan un rol importantísimo, ya que son parte de las familias que realizan la cosecha del piñón, que después son vendidas, pero que además realizan con ellos ricas recetas tradicionales que favorecen la alimentación saludable de la comunidad.

Recientemente se concretó la firma de convenio entre CONAF y la comunidad de Quinquén, en la cual participaron Antonio Walker, Ministro de Agricultura; Claudia Mojica, representante residente del PNUD e Eve Crowley, representante en Chile de la FAO; junto a José Manuel Rebolledo, Director Ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). El acuerdo contempla la entrega de un monto equivalente a USD 96.000, por parte del PNUD, a la comunidad, para dar inicio también, a un proyecto de Retribución por Servicios Ambientales.

Retribución por Servicios Ambientales


CONAF, a través de la ENCCRV, además de realizar acciones para recuperar, restaurar y conservar el bosque nativo con el proyecto “Acciones de adaptación para reducir la vulnerabilidad socio ambiental de la comunidad indígena de Quinquén frente a los impactos del cambio climático”; recientemente implementó un modelo de retribución por servicios ambientales.


El proyecto busca retomar el uso ancestral del piñón, con el fin propiciar un manejo sustentable del recurso, mediante la viverización y siembra de un porcentaje de la colecta y su posterior revegetación en sitios priorizados en el territorio. Con ello se busca mejorar servicios ambientales como la calidad del agua y el potencial turístico, para así avanzar en la implementación de un modelo replicable en otras zonas.


Con respecto al proyecto, el Ministro de Agricultura, Antonio Walker, señaló que su cartera está comprometida en combatir el cambio climático: “Cuando uno ve cómo se están formando los niños de la Escuela de Quinquén, uno comprende que el principal mitigador de los efectos del cambio climático es la propia naturaleza. La fotosíntesis es irremplazable. Por ese motivo tenemos que forestar y conservar las áreas silvestres protegidas que tiene el país; y también tenemos que hacer una agricultura regenerativa para ir manteniendo suelos altos en carbono, altos en materia orgánica, de tal forma que sean un sumidero de CO2 para ir mitigando los efectos del cambio climático.”

En su viaje a Quinquén, Claudia Mojica, representante residente del PNUD en nuestro país, indicó que “en naciones como Chile, buscamos apoyar la apuesta que hace cada país para bajar el nivel de sus emisiones y para poner en marcha acciones de mitigación”.





araucarias


Acciones con la comunidad


Con la comunidad de Quinquén se realizó un trabajo participativo y gracias a sus propias demandas se formularon dos proyectos: uno de adaptabilidad al cambio climático, para combatir sus efectos sobre el territorio; y otro de retribución por servicios ambientales:


“Con el primero hemos establecido módulos demostrativos para recuperar importantes zonas que fueron afectadas por los grandes incendios de 2002 y 2015, para principalmente restaurar la especie Araucaria araucana. Y con el segundo, buscamos un manejo sustentable y sostenible del piñón”, aclara Julio Figueroa, Director de CONAF La Araucanía.


Este es el segundo proyecto en Chile de retribución por servicios ambientales, y junto con retomar el manejo sustentable, ancestral y cultural del piñón, generará herramientas y fortalezas en la Comunidad.


En Quinquén, en tanto, el Lonco Meliñir destaca y valora el hecho de que ellos sean los administradores del fondo ambiental. Mientras que Alexandra continua aprovechando las capacitaciones y las otras actividades que CONAF está realizando; y mientras aprende y enseña sobre la araucaria a sus alumnos, mantiene la esperanza de que vengan nuevas actividades a futuro gracias a este proyecto.


*Este artículo ya fue publicado en la revista chilena Indualimentos, 2019.








Marco Mocelli

Encargado de Comunicaciones Programa ONU-REDD, Chile


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