Proyectos comunitarios de REDD+ en Iko Esai, Nigeria

Updated: Feb 25

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«Los asistentes se retrasan por culpa de la lluvia», afirma el jefe. «La temporada de lluvias tendría que haberse acabado ya, pero este año se está prolongando debido al cambio climático».


Estamos en Iko Esai, una aldea remota del sur de Nigeria. Después de tres horas de viaje por carreteras embarradas y resbaladizas, hemos llegado a casa del jefe de la aldea, que nos sirve vino de palma mientras escuchamos música en su radio portátil y esperamos a que lleguen los demás caudillos y jefes de proyecto.


Aita Obhort Obio Arong Oway, dirigente tradicional de Iko Esai y guardián de las costumbres locales, ve con buenos ojos la asistencia que presta el Programa ONU-REDD. «Nos ayudan a aliviar la presión sobre el bosque», explica. «Antes, nuestra actividad principal era cortar madera y talábamos el bosque para plantar plátanos, ñame, yuca y cacao. Ahora tenemos un plan de uso de la tierra que restringe dónde podemos cultivar y cazar. Se ha aprobado una ley forestal que impide el empleo de productos químicos tóxicos para matar peces o contaminar el agua, y que protege a las especies en peligro. La gente respeta el plan de uso de la tierra; los que no, tienen que pagar una multa».


Los impulsores más importantes de la deforestación y la degradación forestal


Nigeria es uno de los países con mayores tasas de deforestación del mundo, y su superficie forestal abarca menos del 10% del territorio. Los principales responsables son la agricultura (tanto las pequeñas explotaciones como las comerciales), el uso de leña, la tala insostenible e ilegal, las prospecciones de petróleo y minerales, y el desarrollo de la infraestructura.


Sin embargo, desde 2010, el Programa ONU-REDD ha brindado un valioso apoyo a las iniciativas nacionales de gran envergadura encaminadas a conservar los bosques, mitigar el cambio climático y promover el desarrollo de las comunidades. En concreto, el estado de Cross River, que alberga más del 50% de los bosques tropicales que todavía quedan en Nigeria, acoge un programa de REDD+ comunitario (CBR+, por sus siglas en inglés) que fomenta actividades destinadas a reducir la pobreza, incrementar la variedad y el rendimiento de los cultivos, y reforzar el empoderamiento de la mujer, la biodiversidad, la conservación y la mitigación del cambio climático. Hasta la fecha, más de 300 familias de 21 comunidades se han beneficiado del programa, que se dirige a mujeres, hombres y jóvenes.


A través del CBR+, los habitantes de aldeas como Iko Esai han logrado una administración más sostenible de las tierras forestales comunitarias mediante la elaboración de planes de gestión y la intensificación de la reforestación tanto de especies autóctonas como de productos forestales no madereros. Asimismo, la productividad ha aumentado gracias a la mejora del procesamiento de la yuca y el cultivo sostenible del cacao, lo cual supone un aumento de al menos un 10% en los ingresos de los hogares en ciertas comunidades.


«Queremos ofrecer oportunidades alternativas de subsistencia a las comunidades locales para que no tengan que recurrir al bosque; así se alivia la presión que sufre», asegura la Dra. Alice Ekwu, Comisaria del Ministerio de Cambio Climático y Silvicultura en el estado de Cross River y Coordinadora Nacional del Programa de Pequeñas Donaciones. «En uno de los programas de pequeñas donaciones, damos a conocer técnicas de agrosilvicultura y proporcionamos máquinas para procesar yuca o panales de abejas. Las perspectivas de futuro son buenas, porque ha concluido la fase de preparación y hemos pasado a la etapa de ampliación de las actividades y de inversión».


Los proyectos comunitarios en Iko Esai


Puesto que queríamos ser testigos de primera mano de los beneficios que aporta un programa CBR+, visitamos proyectos en ejecución en Iko Esai que buscan redefinir la gestión local y participativa de los bosques y su conservación, y, al mismo tiempo, dar impulso a los medios de subsistencia de la población rural con la implantación de técnicas de agrosilvicultura, herramientas para procesar mejor la yuca y planes de gestión forestal.

Tras recibir formación, Glory Adam Ayo ha sembrado otros tipos de árboles en su plantación de cacao y ha empezado a utilizar fertilizantes naturales. «Ahora los cacaoteros están más sanos, las hojas no se marchitan y la producción de cacao ha aumentado», nos cuenta.


Linus Ita es agricultor y uno de los formadores: «Enseño a los demás agricultores lo importante que son los árboles y a no cortarlos, porque absorben las emisiones de carbono. Ahora toda la comunidad está al tanto de que los árboles son vida: limpian el oxígeno, protegen nuestra cuenca hidrográfica, reducen la erosión y hacen que el entorno sea propicio y agradable, ya que ayudan a tener un clima más fresco incluso en la época de calor».


Afirmó que el Programa ONU-REDD ha proporcionado a la comunidad información valiosa sobre cómo aprovechar los nuevos métodos de agrosilvicultura para lograr que las cosechas de cacao den el máximo rendimiento. «Nos concienciaron más sobre los problemas medioambientales que acarrea el uso de productos químicos. Ahora recurrimos a fertilizantes orgánicos que fabricamos nosotros mismos a partir de hojas, hierba y ramas. Plantamos cacaoteros, perales, plátanos, mangos salvajes y aguacates. La diversificación ha hecho posible que las comunidades generen ingresos en todas las estaciones».


Una parcela de agrosilvicultura en la que se plantan juntos árboles de distintas especies.

«La agricultura acaba con 25.000 hectáreas de bosque al año, puede que incluso más», revela Tony Atah, el especialista sobre el terreno en la participación de las partes interesadas del Programa ONU-REDD. «REDD+ está sensibilizando a la gente sobre este tema y los proyectos que ponemos en marcha están pensados para mejorar los medios de subsistencia en el ámbito rural y, simultáneamente, aliviar la presión sobre el bosque».

En Iko Esai, Aita Obhort Obio Arong Oway nos explica que el Programa ONU-REDD les suministró un molino de yuca y transformó las vidas de las mujeres de la comunidad. «Pueden procesar mucha yuca con la máquina, mucha más que cuando lo hacían manualmente. Ahora tardan menos y pueden trabajar con mayores cantidades».


Por ejemplo, antes se tardaban seis días en rallar 50 kilos de yuca, pero la máquina puede hacerlo en tan solo un par de horas.



Maria Mark Ettan es una de las mujeres de Iko Esai que disfruta de las ventajas de contar con molinos de yuca. Aunque estas máquinas han mejorado las vidas de las mujeres locales, siguen sin poder llevar sus productos al mercado por culpa del mal estado de las carreteras. «La carretera principal está a tres horas de aquí y las personas que vienen a la aldea a comprar la yuca nos pagan muy poco», afirma Maria Mark Ettan. «Necesitamos una carretera mejor».

El mal estado de las carreteras es un obstáculo para el progreso económico.


Author:

Griet Ingrid Dierckxsens

Africa regional Communications and Knowledge Management specialist

UN-REDD Programme

ingrid.dierckxsens@un.org

#Nigeria #communitybasedREDD #agroforestry #beehives #ecoguards

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