Mongolia: Mejorar los bosques y los medios de subsistencia

Updated: Feb 13


Tunkhel, un pequeño pueblo de la provincia de Selenge (Mongolia septentrional), es una reliquia de la época socialista de antaño. En aquellos tiempos, se convirtió en un centro de producción maderera. La madera que sale de aquí, de pino y abedul, se vende principalmente para la construcción de viviendas, cercas y muebles en las ciudades vecinas, así como en la capital del país, Ulaanbaatar.


Tras la época socialista


«Cuando acabó el período socialista en los años 90 y pasamos a ser una economía de mercado, el entorno se degradó mucho», afirma Dainagul, gerente de Khangai-Burged, una pequeña empresa dedicada a la producción de madera. «Durante unos años, los recursos de los bosques se consumieron sin ningún tipo de control, porque todo el mundo talaba árboles. Las cosas mejoraron por fin cuando el Gobierno puso límites a la tala para que solo pudieran llevarla a cabo empresas que tuvieran un permiso vigente, como la nuestra».


Los bosques boreales de Mongolia


Cuando pensamos en la protección de los bosques, puede que Mongolia no sea el primer país que nos venga a la mente. Sin embargo, en los últimos años, esta cuestión ha ganado en importancia hasta convertirse en una prioridad del Gobierno desde que, en 2011, fue el primer país no tropical en pasar a ser socio del Programa ONU-REDD.


Aunque la tasa de deforestación sea baja, la enorme extensión territorial del país y su escasa población hacen que sea difícil dar respuesta al problema de las emisiones que provoca la degradación de los bosques. Como promedio, más de 140.000 hectáreas de bosques boreales se ven afectados por incendios y plagas de insectos cada año. Con la ayuda del Programa ONU-REDD, el país elaboro un programa nacional de REDD+ que se centra en el fomento de la gestión sostenible de los bosques y objetivos inclusivos de desarrollo.


De la protección rigurosa a la gestión sostenible de los bosques


«Durante 30 años, el Ministerio de Medio Ambiente y Turismo administraba los bosques convirtiéndolos en zonas bajo una estricta protección. No funcionó bien, así que pasaron a la estrategia de la gestión sostenible de los bosques», comenta Enkhtaivan. «Se implantó la gestión participativa de los bosques para otorgar más derechos e incentivos a la población local».


Empresas forestales y grupos de usuarios de los bosques


En Mongolia, se distingue de forma clara entre las empresas y las personas que quieren acceder a recursos forestales. Las empresas forestales son aquellas que cuentan con licencias de explotación. Las licencias ponen un límite al volumen total de madera que se puede cortar, pero no a la duración del permiso.


No se otorgan licencias a los hogares, salvo que se agrupen varios para solicitarla como grupo de usuarios de los bosques (GUB) en el ámbito de los distritos o soum. Una vez hecho esto, el gobernador del soum hace llegar la solicitud al gobernador de la provincia, que a su vez la remite al Ministerio de Medio Ambiente y Turismo, a quien corresponde la decisión final.


A diferencia de las empresas forestales que pueden talar árboles de forma legal, los GUB solo pueden recoger madera muerta del suelo y productos forestales no madereros, como frutos del bosque y frutos secos. En determinados casos, los GUB pueden solicitar una licencia para «podar» el bosque, que consiste en talar árboles suprimidos o moribundos para que el bosque goce de mejor salud en general. Así consiguen más madera.


Pocas oportunidades para conseguir medios de subsistencia


Una de las fuentes de frustración más importantes de los miembros de los GUB es que los ingresos que perciben son muy bajos, ya que, según marca la ley, solo pueden recoger madera muerta y productos forestales no madereros de poco valor.


«Nuestro trabajo consiste en proteger y limpiar el bosque», explica Batbaatar, un integrante del GUB de Tusgal, en Tunkhel. «Pero no ganamos prácticamente nada, así que parece que es una obra de caridad». Cree que el sistema jurídico los castiga, una opinión que comparten muchos miembros de los GUB: «Queremos tener el derecho de talar árboles, igual que las empresas forestales», defiende.





Un nuevo modelo de cooperación


Si bien Turtogtokh no quiere que se modifique ninguna ley, no se opone a ayudar a los grupos de usuarios de los bosques a generar más ingresos. De hecho, él mismo lo apoya de forma activa. Su empresa es una de las tres de Tunkhel que colaboran con siete GUB en un proyecto de desarrollo que el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), el Gobierno del Japón, el Fondo del Japón para la Reducción de la Pobreza y el Ministerio de Medio Ambiente y Turismo de Mongolia pusieron en marcha en 2016.


El objetivo de esta iniciativa era impulsar los medios de subsistencia de la población local con el fomento de una gestión inclusiva y sostenible de los bosques. Una de las actividades clave fue sustituir la caldera más importante de Tunkhel —que funcionaba a base de carbón— por una de leña, de tal forma que los GUB pudieran vender su madera muerta a la administración municipal. Antes, los habitantes del pueblo compraban carbón a otras provincias, pero ahora se puede generar energía térmica en la zona y los GUB pueden ganar hasta 12 dólares por cada metro cúbico de madera que vendan, lo que incrementa sus ingresos.


Soluciones ingeniosas


Aparte de las iniciativas novedosas que encabezan las organizaciones internacionales para el desarrollo, algunos GUB han encontrado formas ingeniosas de adaptarse a la legislación vigente y operar dentro de sus límites para potenciar sus ingresos. El grupo de Batbaatar montó un invernadero comunitario en el que los miembros siembran verduras y se dedican a la horticultura. Esto les permite vender las verduras para obtener más dinero.


Criadores entre los miembros de los GUB


No obstante, no todos los miembros de los GUB tienen problemas financieros: muchos de ellos son criadores. Por lo general, los criadores se unen a los GUB con el fin de recoger madera muerta para calefacción y construir vallas de madera para confinar a su ganado. Sin embargo, su fuente principal de ingresos es la ganadería, no la madera ni los productos forestales no madereros.


En Mongolia, el motivo principal de la deforestación o la degradación de los bosques no es la tala de árboles, sino el pastoreo. «A los animales les gusta pastar en los bosques y en sus inmediaciones porque la hierba es más verde y suele haber cerca una fuente de agua», explica Enkhtaivan. «Por eso, nuestro Ministerio colabora con el Ministerio de Alimentación, Agricultura e Industria Ligera en labores de gestión de los pastizales y para fomentar que se levanten vallas en torno a los bosques. Muchos criadores no saben cuáles son las consecuencias negativas del pastoreo».


De cara al futuro


Aunque el Programa ONU-REDD de Mongolia concluyo en noviembre de 2018, el país ha seguido desarrollando el programa nacional de REDD+. Ya se están ejecutando planes subnacionales en seis aimag: Tuv, Bulgar, Umnugovi, Khovsgul, Khenti y Selenge. También se ha creado un enfoque de salvaguarda, y se está diseñando un sistema de información sobre salvaguardas.


Autora:

Leona Liu

Especialista Regional en Comunicaciones para Asia y el Pacífico del Programa ONU-REDD

leona.liu@un.org


3 views

This resource is made possible through support from Denmark, Japan, Luxembourg, Norway, Spain, Switzerland and the European Union.

 

© 2019 UN-REDD Programme.  All images used courtesy of license holder or through Creative Commons license.

  • Facebook - Grey Circle
  • Twitter - Grey Circle
  • YouTube - Grey Circle
  • LinkedIn - Grey Circle
  • Flickr - Grey Circle